Sexo y paz

Feb 25, 2010 No Comments by ShereHite

Shere Hite *

El sexo es verdaderamente político o eso no es más que un eslogan? ¿Acaso el sexo libre no es un símbolo del movimiento pacifista, no representa todo lo contrario de la globalización? ¿La guerra es una consecuencia inevitable de la naturaleza humana?

En mi opinión, estos clichés son anticuados. Aunque el movimiento de “haz el amor y no la guerra” fue válido en su día, y su significado era indudablemente puro, luego fue obvio que para las mujeres el eslogan tenía un sentido diferente. Una de las consecuencias para ellas fue que se contaba con que tomaran la píldora anticonceptiva y “estuvieran listas” para mantener relaciones sexuales.

Sin embargo, poco después de los años 70 (que fue la época del movimiento y los intentos de detener la guerra de Vietnam), las mujeres empezaron a apartarse de la ideología del sexo libre y el “haz el amor y no la guerra”, porque sentían que estaba perjudicándolas. Como decía una mujer, “antes era propiedad de un hombre (en el matrimonio tradicional), pero ahora se espera de mí que esté a disposición de todos. He perdido el derecho a decir NO al sexo”.

Nadie debe pensar que decir que el sexo está relacionado con la paz mundial significa que “si la gente practica más y mejor sexo, estará más satisfecha y, por tanto, menos interesada por la guerra”. Aunque puede que sea cierto, y aunque el lema “sexo, paz y amor” sigue siendo acertado en muchos aspectos, me gustaría proponer una nueva idea: que mediante los movimientos físicos del acto sexual, las personas aprenden cosas sobre el comportamiento de hombres y mujeres y sobre la psicología correcta que inspira (no verbalmente) sus sistemas de creencias, en concreto al inculcarles modelos de jerarquía, dominio y control (o aceptación y sumisión). Ideas, por ejemplo, de que a tal persona “le corresponde estar encima”. Si transformamos nuestra idea de sexo, podemos transformarnos a nosotros mismos y ser más pacíficos (no más tranquilos, sino menos ávidos de dominar a los demás). Al analizar o criticar las relaciones sexuales, podemos empezar a crearnos de otra manera (separados de esa ideología de las categorías) e inventar un futuro más positivo.

En mi presentación de un nuevo análisis de la sexualidad, he escrito sobre la pubertad de los varones (Edipo se hace hombre).

La construcción de la identidad sexual de los chicos en la pubertad, e incluso desde antes, se extiende hasta la identidad de los hombres como adultos: si a los chicos se les educa para que piensen que ser un hombre significa ser poderoso sexual y económicamente, que un verdadero hombre debe ser frío y duro (aunque sensible), es lógico que, después, el hombre llegue a la conclusión de que a cualquiera que no le muestre el debido respeto tiene que enseñarle una “lección”; que la actitud apropiada para el hombre adulto es la agresividad, y no el diálogo.

La convicción actual de que el apetito sexual es un mecanismo hormonal inevitable en el hombre, es la base de este sistema: afirma que los hombres son agresivos por naturaleza y “necesitan ser” dominantes debido a las hormonas masculinas. También, que la dominación es inherente a la psicología del varón (parte de su biología). Sin embargo, mi tesis es que nada de todo eso es inevitable, que los hombres pueden disfrutar del diálogo tanto como las mujeres.

Me parece que las órdenes de la sociedad a los chicos (la programación de su cerebro) están provocando una sociedad, una conducta y una mentalidad desmesuradamente militaristas. Por consiguiente, intentar analizar y deconstruir la sexualidad masculina sirve para dos cosas: crear más placer y más espacio para cada hombre, y contribuir a que la sociedad elabore una estrategia mundial más pacífica. (En la actualidad, la diplomacia internacional refleja esa psicología masculina.)

Las definiciones de la sexualidad femenina y la masculina son fundamentales para la estructura social de nuestra cultura. No están grabadas en piedra, aunque a veces nos comportamos como si lo estuvieran. La redefinición sexual va asociada a un nuevo sistema internacional de valores que está intentando desarrollarse: un consenso internacional sobre los derechos humanos y otras pautas de ética y moral. Esta forma de globalización y el debate sobre los valores que la acompaña, son tan reales como la globalización del panorama económico mundial.

La revisión de los modelos morales y sexuales en vigor forma parte del intento de aclarar una concepción revisada, y aún confusa, de quiénes somos como especie en el planeta, qué hacemos o deberíamos hacer con nuestras vidas. Y la pregunta crucial de este nuevo sistema de valores sigue estando relacionada con la guerra y la paz: ¿por qué hay tantas guerras? ¿Podríamos llegar a ser menos belicosos?

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